Guerra bacteriológica, otra modalidad del terrorismo de Estado

Por Misleydis González Ávila  
El 21 de junio de 1981 el periódico 26 publicó una información tomada del periódico Granma "... de acuerdo con las investigaciones realizadas por el instituto correspondiente se ha confirmado el diagnóstico del virus dengue . Se trata de una variedad de virus diferente del que circuló en la epidemia de 1977 y 1978aunque las medidas de tratamiento y control son semejantes en ambos casos".

Treinta años han transcurrido de aquel suceso, y aún la angustia vivida por las familias cubanas perdura en la memoria de este pueblo. La variante de dengue hemorrágico contagió a 344 mil 203 personas, y arrancó la vida a 101 niños y 57 adultos. En Las Tunas se reportaron un total de ocho mil 245 enfermos y seis fallecidos.
El dolor se acrecienta al conocer que la pérdida de tantas personas, en su mayoría infantes, no fue un hecho casual, sino una más de las políticas premeditadas del imperio hacia nuestro país. La bárbara e histórica pretensión de ese gobierno por apoderarse de Cuba no halla límites, y la multiplicidad de formas para conseguir el propósito excede la lógica y el sentimiento humano.
"La cepa asiática que circuló en esos momentos nunca antes se había registrado en nuestro país, ni en el continente. Atendiendo a la magnitud de la epidemia y a la ausencia de referentes anteriores, el desastre hubiese sido muy superior de no ser por el empeño de la dirección de la Revolución y de Fidel. Sin dudas esta fue una acción consumada por los EE.UU.", expresó René Ochoa, exresponsable del Programa de Vigilancia y Control del mosquito Aedes Aegypti en esta provincia.
"Cuando comenzaron a reportarse casos febriles, el personal especializado se puso en función del control del dengue, se crearon los puestos de mando, provincial y municipales y se adoptaron medidas de saneamiento. En esta lucha no solo se emplearon operarios de la salud, sino además de otros organismos; había cientos de compañeros de la agricultura, dedicados a la fumigación en zonas agrícolas, que se repartieron por los diferentes municipios. Los días y noches sin dormir y el apoyo de la población permitió que el número de perjudicados fuera inferior al de otras provincias.
"Somos una potencia médica y la nación no escatimó esfuerzos, los gastos de la campaña fueron millonarios, se compraron miles de equipos, cientos de toneladas de abate, insecticidas, una tonelada de algunos de estos insecticidas le costaban al país cerca de 16 mil dólares."
Pausides Calisté Semanat, responsable del control de vectores en la etapa de 1981 expresó que un aproximado del costo económico de las actividades fue de 103 millones de dólares, por medidas de control y atención médica se invirtieron 41 millones, los salarios pagados a pacientes adultos fue de cinco millones, las pérdidas en la producción de 14 millones y en el inicio del programa de Aedes Aegypti se utilizaron 43 millones.
El doctor Calisté también destacó la organización del trabajo y la cooperación de los habitantes en el logro de la erradicación de la epidemia el 10 de octubre de ese mismo año. "Se elaboró un programa compuesto por tres fases. La primera fase de emergencia en la que se requirió del apoyo de todos los ciudadanos para cumplir con urgencia las medidas de saneamiento. La segunda de ataque intensivo dedicada a eliminar los criaderos del vector y una tercera etapa de consolidación con el propósito de sistematizar la vigilancia. En la actualidad la lucha antivectorial es una de las mayores fortalezas del sistema médico cubano."
Pruebas que desenmascaran al imperio
En ese mismo año (1981) el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, pronunció un discurso en Las Tunas con motivo del aniversario XXVIII del asalto a los  cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en el que se refirió a un informe elaborado para el subcomité especial sobre la Fundación Nacional de Ciencia del Comité sobre el Trabajo y el Bienestar Social del Senado de los Estados Unidos en mayo de 1969. En el documento se analiza la naturaleza de la guerra biológica y las posibles ventajas de un sistema de arma biológica, además se reconoce el apoyo financiero del gobierno para la fabricación de este tipo de armas.
"La guerra biológica es la introducción deliberada de organismos productores de enfermedades a las poblaciones de personas, animales o plantas. Los organismos son iguales a los hallados en la naturaleza, pero pueden ser seleccionados y cultivados para que sean más virulentos y resistentes que los de la naturaleza."
"Es difícil de probar la culpabilidad de un ataque bajo estas circunstancias, ya que los organismos causantes están en la naturaleza de todas formas y si estos son enviados clandestinamente se podría discutir que la situación es el resultado de una epidemia espontanea...  "Las armas biológicas son extremadamente adecuadas para el uso encubierto, sabotajes."
En la Demanda del pueblo de Cuba al gobierno de los Estados Unidos por daños humanos, se demuestra la responsabilidad de la administración norteamericana en la introducción deliberada del dengue en el territorio nacional.
"Especialistas norteamericanos en guerra biológica habían sido los únicos en obtener una variedad de mosquito Aedes Aegypti sensiblemente asociada a la transmisión del virus 2, según informó el coronel Phillip Russell en el XIV Congreso Internacional del Océano Pacífico, efectuado en 1979, solo dos años antes de que se desatara la brutal epidemia en Cuba."
En suelo estadounidense se celebró en 1984 un juicio a Eduardo Arocena, cabecilla de la organización terrorista Omega 7, quien confesó que el dengue hemorrágico fue introducido en la Mayor de las Antillas a través de grupos afines de origen cubano residentes en los Estados Unidos.
Otra de las pruebas que corrobora la participación del imperio en estas acciones es que en 1975 el científico norteamericano Charles Henry Calisher en una visita a la isla constató la no existencia de anticuerpos al virus 2 del dengue en la población cubana. Resulta más obvia la culpabilidad del vecino del norte en los hechos, al conocerse que el ejército norteamericano aplicó una vacuna de protección contra el Dengue-2, al personal de la Base de Guantánamo, días antes de que se propagara la enfermedad, lo que propició que en ese lugar no se registrara ningún caso afectado.
Nunca podrán derrotarnos
El bloqueo yanqui impuso trabas al país para entorpecer el enfrentamiento a la epidemia. En el propio texto de denuncia, también se exponen algunos de estos ejemplos: "el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, aplicando los preceptos del bloqueo, demoró la autorización para el envío y la venta a Cuba de los insecticidas específicos para atacar el vector identificado de la enfermedad, así como los aspersores de fumigación que debían utilizarse. Cuba tuvo que adquirirlos en terceros países a un costo adicional de varios millones de dólares y con una crucial demora en su llegada al país, que sin duda fue un factor importante en muchas de las muertes ocurridas."
El sello de la desfachatez y el cinismo de los gobiernos norteamericanos se traspasa de mano en mano como una herencia o un lazo sanguíneo. Las verdaderas intenciones de este equipo, que se autoproclama "defensor de la justicia", permanecen escondidas bajo la máscara de la hipocresía. ¿Cuáles son los derechos humanos que pregonan? Si amenazar, esclavizar y masacrar a las naciones significa humanidad, entonces, bienvenido el reconocimiento.
Cuba es un país que no se doblega ante las desmesuradas maniobras del vecino del norte. La erradicación del dengue en tiempo récord, es tan solo una muestra de la decisión resuelta de los cubanos de defender sus conquistas, porque como expresara el propio Fidel: "¡Este país podrá ser borrado de la faz de la tierra, pero jamás podrá ser intimidado, ni doblegado!"

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