El Hombre Pararrayos teme porque el próximo lo parta en dos


El pasado domingo el sitio digital Cubadebate reprodujo parte del primer trabajo que 26 Digital hiciera hace unos años al puertopadrense Jorge Márquez, a propósito, por aquel entonces, de las cinco ocasiones en que su cuerpo sintió el impacto de un rayo y había quedado siempre para contarlo.

Como era de esperar, los principales medios y agencias de noticias del mundo rápidamente reprodujeron la información y muchos se interesaron por la vida de este campesino, residente en La Julia, a unos dos kilómetros del poblado de San Manuel.
En un corto lapso de tiempo recibí llamadas de representantes de medios de comunicación de Colombia y de México y más de una veintena de correos electrónicos de colegas de diferentes confines del planeta, interesados en conocer más de Jorge. Era fácil vaticinar que las visitas en www.periodico26.cu se dispararan durante toda la semana.
La pregunta de la mayoría se concretaba en: ¿Cómo era posible explicar que su cuerpo soportara el choque de cinco relámpagos y sobreviviera? El insondable azar le ha jugado malas pasadas a Jorge y ya no son cinco las ocasiones, sino seis, las que ha sufrido esa terrible e inexplicable sensación, pues luego de ese primer trabajo, 26, en sus versiones digital e impresa, publicó una breve reseña del último de los impactos, ocurrido el 13 de julio del 2006, el cual dañó además, su televisor, el tendido eléctrico y mató dos grandes árboles que rodeaban su hogar, uno de guanábano y una palma.
Desde esa fecha hasta el presente, la vida del Hombre Pararrayos, ha sido de protegerse en extremo cada vez que hay alguna tempestad, pues como mismo me expresara hace unos años, y aún se mantiene firme a sus palabras: “No tengo ni el más mínimo de los deseos de que el próximo me parta en dos.”
“Me pongo zapatos con plantillas de goma, dice con cierta mezcla de alegría y preocupación, y alejo de mi cuerpo todo lo metálico que traiga en esos momentos. Me ubico bajo techo y estoy bien tranquilo hasta que pase la tempestad.”
Su extraña relación con la electricidad de los cielos comenzó el 5 de julio de 1982, cuando viajaba en un tractor. “Me perforó los tímpanos, me quemó el pelo y la espalda, y me arrancó los empastes de las muelas”, recuerda Márquez, quien sufrió el impacto de otros dos rayos en 1987, un cuarto en 1988, el quinto en 1991 y el sexto en el 2006.
“Los dos primeros fueron los más fuertes, precisa, hasta perdí el conocimiento, y resultó todo muy extraño, pues lo que mi cuerpo sintió fue un frío brusco, y los otros cuatro como un hierro ardiendo que me quemaba a una velocidad increíble.”
Este veterano guajiro de 63 años, perteneciente a la CCS Mártires de Aguacatico, es militante del Partido, y ha sido Vanguardia Nacional y agricultor Destacado en varias ocasiones. Padre de tres hijos, ha llegado a pensar que los truenos lo persiguen, pues no es normal que caigan cerca de su casa tantos en tan pocos años y hasta un tornado sacudió su finca el 3 de abril del 2009, dejándole su hogar sin techo y arrastrando su tractor unos cuantos metros de donde estaba situado.
Han pasado 18 años desde que Jorge comenzó a vivir esta “tragedia” y su cuerpo, aunque se va adaptando, hoy cree que es mucho más vulnerable a otro impacto:
“Hay días, afirma, que me levanto sin camisa y puedo andar por la finca que el sol no me molesta, pero hay otros que no lo puedo ni oler. Me duele el cuero cabelludo, apenas me puedo peinar, las uñas cada vez están más duras, y ni se diga de los pelos de la barba y de la cabeza, desde el primer trueno los dedos de la mano derecha me los afectó, hoy casi que los tengo lisiados, y los dolores en las articulaciones ni se diga.”
Hoy por hoy este es uno de los tuneros de los que más se comenta en el mundo por esa extraña y admirable conexión con el reino de los cielos. Sin pretensiones ninguna de fama, todo lo contrario, es un ser humilde, amante de su conuco y de sus sueños, Jorge tiene la posibilidad de llegar a las siete veces que un guardabosque norteamericano fue alcanzado por rayos, y que en la actualidad es todo un señor récord; sin embargo, no alcanzo escuchar de sus labios otras palabras que las mismas que oí hace más de un lustro atrás: “Yo no tengo ni el más mínimo deseo ni de igualarlo, ni de superarlo”, afirma, y esta vez no bromea.

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